
El projecto
El proyecto Sara Andreini Joyas nace manos y alma de Sara Andreini, orfebre y diseñadora cuyas piezas buscan contar una conexión con la materia, el fuego y la naturaleza.
Crear es una necesidad que la acompaña desde niña. Se dedica a la escultura, al dibujo, pasando por el grabado en linóleo y el tejido, las manos siempre inquietas.
Su vínculo con la joyería comienza en la infancia, creando collares con elementos encontrados, pastas secas, conchas, botones, piezas de antiguos relojes y alambre, un juego intuitivo que con el tiempo se transformaría en un lenguaje creativo propio.
A los 19 años se trasladó a Ecuador, donde vivió casi una década. La riqueza cultural del mundo andino, sus paisajes volcánicos y selvas, dejaron una huella imborrable en su mirada estética y se convirtieron en una de las principales fuentes de inspiración de su trabajo.
En 2015 descubre la joyería a banco en el Himachal Pradesh, India. En un pequeño taller de montaña, sentada en el suelo a lado de su maestro, se forma en las bases de la soldadura y el engaste, enamorándose sin reservas de este oficio ancestral.
Desde entonces, siguió cursos de joyería a banco en Vicenza (Italia), Colombia, Ecuador y Brasil. Más recientemente, durante un viaje a Indonesia, estudió técnicas de orfebrería tradicionales que pronto formarán parte de sus nuevas colecciones.
Actualmente vive y trabaja en Barcelona, donde crea cada pieza a mano en su taller al ritmo de cierra, limas y martillos.

Inspiración
Las joyas de Sara Andreini se inspiran en la naturaleza, la geometría y la asimetría; se distinguen por sus texturas orgánicas y potentes, resultado de la interacción entre la química y el fuego.
Cada joya es creada desde la aleación del metal hasta el engaste final de la piedra. Técnicas como el reticulado y el fusing transforman el metal de manera orgánica, generando superficies y relieves irrepetibles, resultado de un equilibrio preciso entre el control del soplete y la íntima intención del fuego.
Sus diseños se mueven entre una estética brutalista y una sensibilidad orgánica.
El volumen, la fuerza y la textura dialogan con referencias a la naturaleza, al viaje y a la memoria. La simbología de las culturas andinas del Ecuador, donde vivió durante años, aparece a menudo como tributo a este país tan rico y mágico.
Cada pieza es concebida como un objeto único, un talismán pensado para establecer una conexión íntima con quien lo lleva, la herencia de un sentimiento, un momento, el enamoramiento fatal con una joya de la que imposible desprenderse.